jueves, 12 de octubre de 2017

Nuevo tip de estudio.

Conforme pasa el tiempo, uno tiende a acomodarse a las rutinas de la oposición. A tal hora empiezo, ergo a tal hora este tema lo tengo que tener acabado (y como maximísisisimo a esta otra). El descansito de 5 minutos o el de 10, o cuando se te alarga y tienes que apretar el culete porque sino te darán las uvas. 

Cuando volví de vacaciones ya dije que me encontré en el desierto, que no tiraba a la de tres. Eso lo dije porque sobre todo, los civiles (mi Talón de Aquiles, yo confieso) estaba tardando el doble de horas en estudiarlos que antes de vacaciones. La primera semana le di la importancia justa. La frase duerme-conciencias "es que acabo de volver de vacaciones". La segunda semana, "venga que será porque son temas difíciles". Pero ya la tercera...me empezó el agobio, de que cómo podía ser, que si me estaba volviendo tonta, que si es que acaso tenía desmotivación...

Total, una que es muy de arremangarse y arreglar todos los desaguisados que tiene en su vida, empecé a darle vueltas a cómo conseguir volver a estudiármelos en el tiempo que utilizaba antes de vacaciones. Un día me acordé de que durante la preparación del examen, en las vueltas finales y para que me diera tiempo a meter los temas por día que me había planificado, empecé a cronometrar el tiempo por tema (en plan, 20 minutos por tema, por ejemplo), y que gracias a eso, los había conseguido meter.

Así que dije ¡eureka!, me cronometraré el tiempo de estudio por página. Aún así sabía que eso me iba a estresar, quizá en exceso. Así que ideé el método inverso. Es decir, coger el folio, estudiarlo y entonces mirar cuántos minutos había utilizado. Así, folio tras folio, más o menos tengo una media de lo que tardo en estudiar un folio. Si me excedo, sé que me he dormido en los laureles, y tengo que volver a centrarme, pero al haber sido solo en un folio, la "pérdida" de tiempo, no es tan excesiva como si hiciera un cómputo total de tiempo al final del tema, o incluso si no hubiera medido el tiempo invertido.

Además, como sé que ver pasar los segundos y minutos me iba a estresar e iba a estar más pendiente de eso que del propio tema, le doy la vuelta al crono. De modo que lo enciendo cuando empiezo folio, le doy la vuelta, y cuando acabo lo paro, miro el tiempo, lo pongo a cero y vuelvo a empezar. 

Así, siento cierta presión, sin ser excesiva, y he aligerado bastante en el estudio, volviendo casi del todo a los tiempos preestivales. 


Ánimo! No estancarse es estar un poco más cerca!.

jueves, 5 de octubre de 2017

Interrumpimos conexión.

Cataluña. Primera vez que salgo de la burbuja de la oposición en este lienzo, pero no puedo estar callada. Ríos de tinta se han escrito, probablemente con mayor peso y conocimiento que esta escorrentía de palabras. No voy a hablar de política, ni de declaraciones, ni acciones u omisiones.

Ni de mi, ni de ti depende que se declare la independencia, de que se aplique el 116 o el 155, de que intermedien o se dejen de hablar los que salen en la televisión. Es así. Nuestra democracia, sabemos que funciona cada 4 años, y en el durante...¡a cruzar los dedos!. 

Sin embargo, creo que todos dejan en el tintero lo esencial, lo que SI depende de nosotros, los "de abajo", y ese es el respeto. Hacia uno mismo, tratando de ser lo más coherente con sus pensamientos; hacia nuestras familias, tratando de que permanezcan tal y como son, con sus imperfecciones y sus aristas, pero íntegras; hacia los extraños, respetando sus puntos de vista por muy alejados que estén de los nuestros; hacia nuestra sociedad, evitando que se resquebraje por hacer prevalecer las ideas propias a la paz (una vez más).

Si algo depende de mi (y de ti), es el evitar crear más crispación de la que hay, en la calle y en las redes sociales. Con esto no quiero decir que la libertad de expresión deba de ser coartada en beneficio de unos u otros, simplemente que se haga del modo menos dañinos para el sentir del otro punto de vista. Insultar a uno que piensa distinto, aunque sea un ignorante al lado del contertulio, es quedarse sin la razón, es desprestigiar a la propia esencia de la conversación, el diálogo, el entendimiento y en última instancia, de la ética.

Estos días he tenido infinitas ganas de dejar de ver en mi redes sociales a los exaltados que menosprecian o se mofan de la opinión ajena, pero haciendo un gran trabajo de recapacitación, me he dado cuenta de que eso, sería entrar en el juego. De otra forma, pero entrar. ¿Por qué voy a dejar de seguir el trabajo de un periodista o un artista o dibujante por sus ideas?¿me gusta por sus ideas o por su trabajo? Hacer criba por la ideología de una determinada persona, tiene un nombre: fascismo.

Ver el mundo por un único cristal (el mío) no hace sino empequeñecerlo. Aunque esté en las antípodas del pensamiento de tal o cual persona, me obligo a no dejar de leer sus ideas, porque es una forma de volver a repensar y recalcular mi postura hacia un tema, de ese modo, estaré un pelín más cerca de ver el mundo más "como es". 

Leer, seguir o hablar con el que piensa distinto, parece que se siente como una agresión al pensamiento propio. Quizá si lo viéramos como un intercambio de ideas, que pueden permitir tener una visión más global, quizá respetaríamos más e insultaríamos menos. 

Así que, mientras los de arriba hacen y deshacen, 
que menos, que un poco de respeto entre los de aquí abajo.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Cuéntame un cuento

Cuéntame un cuento, dije, de esos que me quitan el sueño y me ponen los sueños. Cuéntamelo, le dije, susurrame esa historia que mece mis horas, mis días y mis revuelos. Háblame de aquélla niña convertida en mujer que quiso vivir para soñar y no al revés. O de aquélla otra que vivía encerrada en una burbuja de ilusión, que no había aguja que rompiera. ¡O mejor aún! cuéntame el secreto de la que consiguió salir de la gruta del dragón dorado para poder ver por ella misma el amanecer.

Pero cuéntame, dije, no te calles o no podré dormir. Porque quiero ser todas ellas, y mecer mi realidad en sueños. Si hace falta aprenderé a coser, con el huso del cuento, hasta conseguir acabar sus ropajes para que me valgan a mi. Si fuera necesario me pincharé con él y dormiré un milenio, pero los acabaré. Si hace falta aprenderé de memoria las recetas de sus banquetes, hasta sabérmelas tan bien que pueda montar una coreografía de presentación. 

Contéstame, cuántos monstruos tuvo que aniquilar aquella que no había salido de su torre de marfil, de cuántos valerosos principes no se tuvo que valer, porque pudo ella sola. No te dejes un detalle, o lo sabré. Quiero saberlo todo, hasta si su pelo bailaba al son de la espada, si su cuerpo resistió los embistes y quién fue su fiel escudero hasta el final. 

Háblame de la campesina, que lo tuvo todo en contra, y de aquélla princesa que lo tuvo siempre sencillo. Me da igual el origen, solo quiero saber cómo caminos tan distintos les llevó al mismo "The end". 

Cuéntame para que me duerma. Yo también tengo mis monstruos ¿sabes?, quiero saber cómo eliminarlos. Así que cuéntame, porque necesito toda la información que pueda obtener. Estoy decidida a ser ella, y ella y ella también. Quiero ser todas. Bueno, en el fondo quiero ser YO, pero la mejor versión ¿entiendes?. Con otros monstruos o los mismos pero evolucionados. Me aburre aquél pequeñajo, y el otro del tembleque y aquél otro del me ves y ahora ya no. 

Es hora de dormir. Así que cuéntame, por favor.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Y luego estoy yo, claro

Recogiendo el guante de pepalimones y "su soledad". Os voy a hablar de mi relación con ella, la mía, mi soledad. Pero tranqui, mi relación es en positivo, pese a que no siempre ha sido así. 

El problema de la soledad es que entramos en la oposición con una vida social activa o muy activa, según los casos, en el que el ruido exterior suele ser más grande que el interior, y de repente, encuentras el silencio exterior y los gritos de tu interior. Si tienes suerte, y tienes una vida interior ordenada, porque seas una persona que te ha interesado el autoconocimiento, porque tengas fe o simplemente por suerte interplanetaria, ese ruido será soportable. Sin embargo, en otros casos, puede aturdirte e impedirte avanzar en tu cometido.

Otro factor que, desde mi punto de vista, afecta a ese sentimiento de soledad, es que no te sientes entendido. Pero creo que esa sentencia no es correcta. No te sientes entendido por los que hasta ahora te habían entendido. Lo cual es lógico. Hasta ese momento habrás tenido a tu alrededor siempre que haya pasado por lo mismo que tu (compañeros de colegio, instituto, carrera/familiares que hayan estudiado/entre otros). Sin embargo, este camino, salvo que tengas algún hermano, madre o padre que haya opositado...es un mundo nuevo, que cuesta de entender, más cuando "solo" se trata de estudiar.

Cuanto más tiempo se pasa opositando -con esto me refiero a años invertidos- la gente irá avanzando más en sus vidas personales (y profesionales, pero para mi eso es secundario), y es entonces cuando esa "soledad interna" se convierte en una "soledad externa": tus horarios no cuadran con los del resto, tu bolsillo no es tan ancho como el de los demás o simplemente tu día de descanso te viene mejor un martes que un sábado. 

Y así, llega el día de descanso y llegará esa época de ¿y qué hago yo ese día si no tengo nada que hacer y solo sé estudiar? Es entonces cuando tienes 2 alternativas: o te hundes en la bola de miseria de pobre calimerita o haces borrón y cuenta nueva (no sé por qué pero soy muy dada a esto último en casi todo en mi vida). Si eliges esto último, lo cual te recomiendo encarecidamente, tendrás que buscar algo que te haga ilusión o que te alegre los días y que durante la semana no puedas llevar a cabo. 

Ya sé, ya sé, no estoy descubriendo la penicilina. Pero es importante que te fijes en esos pequeños detalles que te hacen la vida más alegre: escuchar música, leer el periódico tranquilamente metida en la cama, salir a pasear por la ciudad, ir a una libreria, visitar esa nueva tienda que sabes que han abierto, atreverte a ir a esa conferencia que te hace ilusión tu sola...Y aprender a disfrutar de ello, regocijarte en tu suerte en ese momento.

En esencia, lo verdaderamente importante, es saber estar contigo mismo sin sentirte incómodo. Al principio te  resulta raro verte sentada en una cafetería, tomándote un humeante café mientras escribes, pero con el tiempo, te darás cuenta de que eso te hace más feliz que estar escuchando historias que no te interesan porque tu estás en un kit-kat de la "vida ordinaria".

Yo he descubierto que me fijo en cosas que el resto del mundo no le da importancia, como ese camarero que siempre sonríe a los clientes, o en que la gente cruza los semáforos a punto de ponerse en rojo como si de verdad creyeran que les van a atropellar (y me da la risa, lo confieso), o que todos tratamos de mostrar nuestra mejor versión vistiendo y todos somos imperfectos (lo estupido que es creer que ese pantalón que tiene una arruga de más te hace un elefante con patas y el de la arruga de menos sin embargo no). He aprendido a reirme de la vida, de ese ruido que nos hace creer que necesitamos el último gadget, de la superficialidad de la sociedad por ese miedo al ¿qué llevaré yo aquí dentro?, hasta de lo que debería tomarme como desgracias vitales.

Creo que la vida está para según la mires. Si miras todas tus etapas con los ojos de las anteriores, no serás feliz, porque tu mundo cambia y tu deberás hacerlo con él. Buscarte en esa nueva etapa, te costará y patalearás y dirás que nadie te entiende, pero lo cierto es que muchos han pasado por ahí antes que tu, es más, hay muchos que lo están pasando en este mismo momento contigo. Cuanto antes entendamos que la vida es hacia delante, antes encontraremos los mecanismos para solucionar esos desfases.

Y sobre todo, nunca nunca nunca, estás solo, siempre hay alguien que te está esperando, para el que la vida sería un poco menos de colores sin ti. Y luego, estoy yo que espero que sigas aquí y me des tu opinión claro, pero eso es ya más sencundario claro. ;-)

No estancarse es avanzar! Ánimo!


jueves, 14 de septiembre de 2017

De safari

Este verano disfruté de unas vacaciones pagadas en un safari en The-matrix. Nunca un viaje igual, nunca una compañía tan organizada. Todo hacía presagiar que el viaje sería inolvidable, no harían falta fotografías, ni videos para que se convirtiera en lo que fue: una proeza. 

Empezó como todo los viajes. De madrugón, deseando que valiera la pena. Al ser un viaje peculiar, nos dijeron que omitieramos cualquier tipo de pasaporte expedido por nuestro país de origen, ya que en aquellas fronteras no nos servirían de nada. También nos avisaron de que la maleta preferiblemente fuera una mochila, pequeña, con lo imprescindible, ya que aquél es un lugar donde las comodidades escasean, y los lugareños no son los más hospitalarios del mundo, precisamente.

Os omitiré los detalles de la travesía porque estuvo llena de turbulencias, agitaciones e incluso alguna indigestión -la especialidad de la casa no era precisamente la "cuisine". Pero el llegar allí fue ¡alucinante!. Nada que ver con los paisajes que hubiera visto hasta entonces. 

Nos recibieron los operadores, con un lenguaje tan políticamente correcto que haría temblar a todos los sillones de la RAE vivos y muertos. Su terminología nos hizo darnos cuenta de que estábamos en otro mundo, y que más nos valía aprender rápido porque intención de entender otra cosa no tenían ninguna. 

Ya acomodados en nuestros alojamientos -austeros y cuadriculados, casi todos iguales pero con pequeñas variaciones, la mesilla en éste a la derecha, en aquél a la izquierda, la ventana aquí 20 centímetros arriba y en esta 10 abajo. Esa noche, nos recomendaron descansar profundamente, porque el día siguiente sería el gran día: el del Safari por The-matrix.

El Safari incluía tanto visita a la fauna como a la flora del lugar. Todo el proceso de evolución del sistema lo encontraríamos allí. No nos hicieron falta cámaras ni móviles para retenerlo, porque vagaban a sus anchas, y cuando menos lo esperabas, acababan en tu retina, tan fuertemente agarrados, que era imposible volverlos a perder de vista.

Ese día, almuerzo en mano, nos adentramos entre altos y solemnes árboles, llenos de gruesas lianas que ligaban unos árboles con otros, y otras más finas y delicadas, imperceptibles para la mayoría, salvo para los más experimentados tematrixólogos. El lugar estaba encantado, lleno de monitorios, animales salvajes que vivían entre lianas. Éstos, mientras saltaban gritaban algo que no se entedía a priori, pero nos explicaron que su grito son cantidades al azar, normalmente vinculadas al número de saltos que llevan, aunque todavía no han sabido descifrar del todo sus diálogos.

Por otro lado, a los lados del camino encontrábamos unos animales entre lagartija y erizos, cambiaban frecuentemente de parecer, a veces perdían la cola, a veces las puas, y decían que al tenedor de cualquiera de esos elementos, le llovían los millones a raudales.

Los habitantes de aquél lugar no podían olvidar a la rara avis, un pájaro majestuoso, brillante, exuberante, que decían estaba tocado por la mano de dios, y sin embargo, solo se conocía por el boca a boca de la gente, ya que casi nadie lo había visto nunca, aunque si escuchado.

Me quedé con las ganas de ver más paisajes, más particularidades de aquellos parajes, llenos de árboles distintos, de piruetas mágicas entre su follaje, de curiosidades en su fisonomía, tiempos y ciclos. Sin embargo, se acabó el crédito, tuvimos que marchar, para volver a empezar, este septiembre tan diferente.

Espero que vuestras vacaciones hayan sido tan "chulas" como las mías. Mucho ánimo a todos.

PD: ¿dónde estuve este verano? :-P

viernes, 8 de septiembre de 2017

Lectura (II): todo pasa por algo

"Todo pasa por algo". Es una frase que en los últimos años ha ido cogiendo fuerza en mi vida. Tengo un amigo pragmático, científico y ateo a rabiar, que se rie de mi cuando la digo. Pero, sinceramente, creo que es porque él no ha sido capaz de unir esos puntos (de adelante hacia atrás, pero unirlos). 

La cuestión es que a finales de julio, escuché hablar acerca de un libro que me llamó la atención. No para mi, sino para mi hermana, que anda en el trasiego ese de "sé lo que quiero hacer con mi vida pero no sé si me atrevo". Total que pensé que podría ser un buen regalo para que leyera en vacaciones, así que me fui a mi librería de confianza. Al preguntarle al librero por el título, lo introdujo en la base de datos, y le salía que les quedaba uno en el almacén ("¡Estupendo! Si es que son de confianza, por algo será"- pensé yo), allí que se fue y yo esperé, esperé y desesperé. Al fin salió el hombre y me dijo que no lo encontraba. 

Yo estaba especialmente ansiosa por regalarselo, así que no lo encargué y empecé el camino a mi segunda librería favorita, y a la siguiente, y a la siguiente. ¡No me lo podía creer! En todas les quedaban uno o dos ejemplares pero ¡no los encontraban! No estaban donde tenían que estar. Aluciné junto a los dependientes (les contaba que no era la primera tienda en la que me pasaba) y me fui un poco decepcionada, porque creía que el libro encajaría muy bien a lo que mi hermana estaba buscando.

Han pasado las vacaciones y yo, cabezota que soy, me fui el lunes a tentar a la suerte otra vez y ¿a qué no adivináis lo que me pasó? ¡Quedaban 2!¡Y no los encontraban! Yujuuu. Esto ya parecía una broma del destino -como al final, ha acabado siendo. Pero esta vez, pedí que me lo buscaran y me lo guardaran. Dos horas después recibía el mensaje de que ya podía pasar a por él. 

No fue hasta el jueves cuando fui a recoger "el libro que estaba predestinada a no regalar". La chica entre risas me lo vendió, y así parecería que la historia acaba ahí, sin más. Pero nada más lejos de la realidad. Unas horas antes, el que para mi es/era LA persona de mi vida, decidió que yo ya no lo era, sin posibilidad de replica ni revisión. Os podéis imaginar que mis adentros no eran un mar en calma precisamente, pero bueno, a pesar de eso, fui a cantar (con éxito por cierto, soy una mujer de recursos, las cosas como son) y comprar el libro para regalar, pues me alegro un poco ese día.

En el autobús de vuelta a casa, le eché un ojo, mirando páginas al azar, sin más pretensión que mi mente volara un poco lejos de donde realmente no debía ya estar. Advierto que nunca lo hago, no me gusta ojear libros, estropean las historias pero en este caso...¡tachán! me leí una página que era para mi, para ese momento. Me pasé 2 días leyendo sin parar el libro, hasta acabarmelo (por suerte mi hermana estaba de viaje, esta mal leer libros de regalo, pero era una situación de extrema necesidad), y me gustó. Esas 2 páginas se aplicaban a lo que me acaba de pasar, pero el resto de su contenido, era perfectamente aplicable a la oposición.

Se titula "Libera tu magia. Una vida creativa más allá del miedo" (de Elizabeth Gilbert). Es autobiográfico (nada de autoayuda, a pesar del título). Ella se quería dedicar a la escritura desde la adolescencia, pasara lo que pasara. Relata cómo le rechazaron durante muchísimos años sus escritos, pero siguió perseverando, siguió trabajando en ello, porque amaba la escritura. Mientras tanto, sin embargo fue realista, y trabajo de camarera y de otras millones de cosas porque la escritura no le iba a pagar las facturas.

Me gustó sobre todo en que insiste en la importancia del camino y no el resultado. Que tu éxito no puede ser definidio por el resultado, que tienes que ir más allá, y sino, no lo quieres lo suficiente. Que el miedo siempre existirá, y hay que dejarle un hueco en el camino, sin dejar que sea el que mande. Habla del esfuerzo, de la mediocridad, del persistir cuando ya nada es fácil...No te vende un mundo de luces de colores, pero te anima a que persistas a pesar y sobre todo, por ese motivo: porque es interesante (porque es difícil, frustrante y al mismo tiempo gratificante).

Os dejo algún extracto, porque reconozco, que este libro puede que me haya gustado más por la situación personal, que por la oposición, a pesar de que le encuentro mucha sintonía a la vida creativa y a la vida del opositor. 

"A lo largo de años de abnegado trabajo, sin embargo, descubrí que si insistía en el proceso y no me dejaba llevar por el pánico, era capaz de superar cada etapa de ansiedad y pasar al nivel siguiente. Me daba ánimos recordándome que esos temores eran reacciones completamente humanas a la interacción con lo desconocido".

"Mejor que te replantees tu definición de éxito y punto. (...) La aleatoriedad genética ya hanía determinado cuánto talento me había sido asignado y la aleatoriedad del destino decidiría mi porción de buena suerte. Lo único que podía controlar yo era mi disciplina. Cuando me di cuenta de eso, me pareció que lo mejor sería matarme a trabajar. Era la única carta con la que podía jugar, así que la jugué a conciencia. Ojo, que quede claro, que trabajar duro no garantiza nada (...). Haz lo que te gusta y hazlo con seriedad y naturalidad al mismo tiempo. Al menos así sabrás que lo has intentado y que, sea cual sea el resultado, habrás seguido el camino más noble".

"Tal y como advierte mi amigo el pastor Rob Bell: "No pases corriendo por las experiencias y circunstancias que mayor capacidad tiene de transformarte". No pierdas el valor en el momento en que las cosas dejen de ser fáciles o gratificantes. Porque en ese momento. Ese es el momento en que la cosa se pone interesante..."

Así que sí, creo que el "todo pasa por algo" es cierto. Ese libro tuvo que llegar ese día a mis manos, porque era yo quien necesitaba leerlo (después de leerlo, creo que a la homenajeada también le va a gustar), y abrirlo por esa página, fue la casualidad con la que empezó todo, haciendo de las suyas, una vez más.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Dispararé a matar

     Dispararé a matar porque es la única forma de decir esto: la vuelta de las vacaciones está siendo extremadamente difícil. Hacía 3 veranos que no tenía los 15 días "reglados" de vacaciones estrictas. Salí del curso con una sensación agridulce y el miedo a la vuelta de las vacaciones metida en el cuerpo. 

      Releo mis entradas anteriores, y ahora me parece que fue hace un mundo cuando sentí por última vez que confiaba en mi. Parece que lo de Jekill y Hyde se escribió para mi (con la "pequeña" salvedad de que yo solo me dedico a sangrar textos).

      La cuestión es que más o menos he vuelto a coger el ritmo anterior a las vacaciones, pero hay algo allá adentro que está en un impasse, no avanza, y es precisamente el creerme que si que puedo aprobar. Ahora mismo no me lo creo en absoluto (y no sabéis lo que me cuesta escribir esto). Sin embargo -y aquí viene la incoherencia que "blows my mind"-sigo teniendo ilusión en llegar al objetivo, sigue gustándome y llamándome infinitamente la atención.

     Así que me he puesto manos a la obra, porque si hay 2 cosas que no me gustan en esta vida son las medias tintas y quedarme de brazos cruzados, más aún cuando solo depende de mi. Lo que hasta ahora me ha servido, ya no es tan efectivo como antes, pero son parches que puedo seguir utilizando (videos motivaciones, frases positivas...). El deporte sigue siendo un buen aliado, sin embargo, no me ayuda a vencer ese sentimiento el suficiente tiempo. Además de que en el momento D y la hora H no podré estar haciendo deporte para mantener la actitud necesaria.

     Tengo claro que con esta actitud, la profecía autocumplida cada vez está más cerca, y que no voy a pasarme 1 año entero dándome de golpes para cumplir algo predicho hace 12 meses. Por eso, sigo buscando. No me rindo. Porque eso es de cobardes, y seré muchas cosas, pero cobarde...¡ni un gramo!

Mucho ánimo para todos!