viernes, 23 de junio de 2017

Lecturas (I).

Llegué a este libro tras un cante que se torció mucho, mucho, muchísimo. No por el cante en sí, sino por la disparidad de criterios con el prepa, que me "impedía" seguir el plan que llevaba yo en mente. Y yo cuando me pongo, voy a piñón fijo. Vamos, una cabezota de pro. 

Llamadme rara, pero en esas ocasiones a mi me da por refugiarme en una libreria (en esa ocasión, lo admito, me refugié además en una tarta de chocolate, dulce de leche y nata que mmmm). Estando allí, me vino a la cabeza una entrevista que mi madre había escuchado en la radio sobre este libro: "El viaje de Luis. La historia real de un milagro explicado por la ciencia". 

Es la historia real de un chico de 11 años que, por accidente se clavó una navajita en el pecho, con tan mala suerte que llegó a tocar el corazón. El niño pasó más de 20 minutos sin oxígeno, y ya podéis imaginar el panorama cuando despertó.

Así, a primera vista, es un libro muy alejado de la oposición o de mi estado en aquél momento. Sin embargo, la historia es fascinante, porque el padre, que no era médico, que tenía todas (o casi todas) las opiniones en contra sobre que su hijo volviera a ser el que era, que tenía un vínculo emocional que podría haberle privado de toda objetividad en la toma de decisiones, ideó un sistema de recuperación, consiguiendo (como se puede imaginar uno por el título del libro) que su hijo volviera a ser el mismo, con toda la movilidad y sin secuelas.

Pensé en ese libro, porque probablemente cuando tu estás hundida en la mierda, no hay nada como leer/oir una historia más desesperada, como para pensar que tu no estás tan mal (la psicología inversa es muy fuerte XD). Pero es que es un libro que me ha ayudado increiblemente para entender muchas cosas relacionadas con el cerebro (instrumento con el que ejercemos nuestro trabajo). 

La importancia del sistema de rehabilitación de 3 ejes que este padre implementó (autor del libro, por cierto), se basaba tanto en el trabajo neuronal, como el físico y el químico. Entender que el cerebro no es algo ajeno al resto del cuerpo es esencial.

El neuronal en nosotros no es nada nuevo, lógico que a base de machacar temario, llegas a interiorizar los temas (y no solo saberlos). 

El físico ha sido un gran descubrimiento. Una de las cosas que más me impactó fue que el ejercicio vigoroso (cada cual a su nivel) ayuda a la memoria. Pero es que además, hacer cosas distintas, también colabora a que el cerebro vaya aún mejor. Eso, en parte, me hizo apuntarme a natación, algo que me obligara a cambiar de rutina, que no fuera solo correr y que me forzara a quedarme más tiempo haciendo deporte algo más exigente de lo que yo por mi misma haría.

El químico. En el libro cuenta una serie de fármacos y sustancias que el padre ya tomaba antes del accidente de su hijo (bajo supervisión médica). Si bien yo no he tomado más que el famoso Multicentrum, si que en los últimos meses he añadido jalea real fresca a mi día a día, y será por la jalea o no, pero me siento infinitamente mejor, me canso menos y aguanto como más despejada el día.

Además de todos estos conocimientos, que transmite de forma muy sencilla, queda la historia personal. Historia de superación de un padre y un hijo, que tenían un camino muy difícil, siguiendo unas pautas médicas, con unos métodos poco ortodoxos, y aún así, peleando durante 1 año, con mucho sacrificio, muchas horas (14 al día si no recuerdo mal), consiguieron que Luis volviera a ser el que era antes del accidente.

No os desmenuzo mucho más el libro, tiene de todo tanto risa como lloro, así como instructivo, es muy sencillo de leer, y para mi, muy útil.

Mucho ánimo!

viernes, 9 de junio de 2017

¡Si, quiero! :D

¡Sí, quiero! Si quiero aprobar. Algo tan obvio y a la vez tan poco fácil de encontrar en uno mismo en algunos momentos del camino. Ese SI, (practicamente) incondicional, lo he encontrado esta tarde mientras parecía un pato mareado, tragando agua y escupiendo cloro, mientras trataba de parecer una sirena piscinera. Porque sí, señores, me he pasado a la natación. Que muchas veces me encuentro nadando sacando toda la rabia y el estrés, queriendo ser como los cuerpos esculturales de las calles 3 y 4 (¡vaya cuerpos señoras!), y cuando me doy cuenta que me parezco más a la señora Paquita que a sus 80 años se mueve divina pero a paso de tortuga...pues digo ¡chica frena que a las Olimpiadas no llegas a tu edad!.

Pero bueno, que será los litros de cloro que me llegan al cerebro, pero las charlas motivacionales que me pego debajo del agua son para coger apuntador y dictarlas (o eso me lo parecen en pleno colocón). Y hoy ha caído la del ¡Sí, quiero!. Cuando me he dado cuenta he empezado a gritarme por dentro ¡Sí, quiero!¡Sí, quiero!¡Sí, quiero!¡Sí, quiero!, y a preguntarme que entonces que andaba mal dentro de mi.

"Que si quieres algo, vas a por ello. Que las medias tintas, nunca han ido conmigo, ni irán (que si te quieres quedar, te quedas y si no, te vas). Que me metí aquí porque creo que me encantará el trabajo, porque creo que puedo llegar a ser muy buena profesional. Que confío en mi. ¡¡¡CONFÍO EN MI!!! (permitánme el inciso, pero esto debe leerse con letras de oro y brillantes, porque cuando me he oído esto en mis adentros, sin dudas, sinceramente saliendo del corazón...ha sido sentir una felicidad muy muy grande, lo explico luego mejor). Confío en mi, y en lo único que he perdido la confianza es de estar haciendo suficiente. (Todo esto, brazada tras brazada...que ni técnica ni nada vamos, yo enfrascada en todo este lío). Y yo, pero ¡chica!, ¿qué no estás haciendo suficiente? ¿qué no ves mejoría con todo lo anterior? Pues si, si que noto mejoría, muchas. Entonces esa desconfianza no es más que un irracional. Si partieras del minuto 0 de la oposición ¿confiarías? Si, claro porque pensaba que lo mío era lo "más mejor". ¿Y por qué de un único resultado negativo, sacas tamaña conclusión?¿No sería mejor ponderar la totalidad del valor esperado de toda la oposición?. Hay que confiar en el sistema, porque las mejorías pequeñas se reflejarán en una mejoría global. Tardará, pero así será. Y ahí "to' contenta y to' motivada", me he puesto a nadar sin pensar mucho más allá, sintiéndome la Mireia Belmonte de mi barrio".

Es remarcable este pensamiento de que confío en mi pero desconfio(aba) en que el sistema vaya a funcionar, porque pensaba hasta hoy mismo que la pérdida de confianza era en mi, y eso es lo peor que me podía pasar. Mi valorar añadido (y esto es algo muy mío) siempre ha sido que he confiado en mi, en mis decisiones y he ido a pecho descubierto a por ello. S-i-e-m-p-r-e. El haber perdido la confianza en mi, sería perderme a mi misma, como algo primario, algo consustancial a mi. Para mi, una herida de muerte (¡qué trágica me sé poner cuando quiero, oye!). Sin embargo, ponerle objeto a esa desconfianza, ajena a mi, aunque en mis manos, ha sido liberador. Porque sé que es miedo al fracaso, y no tiene por qué repetirse una situación si no estoy haciendo las cosas tal y como las hacía (aquello de "para tener un resultado distinto, haz algo que no hayas hecho"). 

En fin, después de confirmaros que no me caso (sé que el morbo os ha podido a la mayoría pillines, pero hay muchos "sí quiero" que dar en la vida, sorry :P), deciros que mi ausencia estos meses (como pueblo abnegado en éste, oh mi blog, que sois os debo una explicación, y esa explicación, os la voy a dar) se ha debido inicialmente a una ausencia de creatividad, posteriormente a una pérdida de control sobre esta cuenta (vamos que olvidé contraseñas etc) y en último lugar porque he andando haciendo lecturas interesantes para rellenar este cerebro con algo de sabiduría aplicable a la opo. Próximamente, hablaré de algunos libros que me han inspirado.

Advertir, que la dinámica del blog va a cambiar un poco, escribiré cuando realmente sea algo que os vaya a aportar, o cuando yo necesite explayarme. Me gustaría que la creatividad me rebosara, pero también querría decir que no estoy a lo que estoy, y estoy comprometida ya sabéis :P. Así que, he puesto la cajita para que os mande las actualizaciones al e-mail, para ahorraros tiempo de entrar aquí.

Mucho ánimo a todos, de verdad. Podéis. Que otros lo hayan conseguido antes quiere decir algo. Que otros no lo hayan conseguido, no quiere decir que vosotros seáis iguales.


viernes, 24 de marzo de 2017

Fe de serenidad.

Esperando estas semanas a que me llegara la inspiración y estando, como está, missing, no querría dejar de plasmar esta circunstancia en esta bitácora "internáutica". Puede que lo extraordinario trate de darse cuenta de la cotidineidad, no como rutina, sino como serenidad.

Estoy muy a gusto estudiando, con la serenidad que requiere retener conocimientos entendiendo su complejidad y relación con los anteriormente adquiridos. Y es que hay algo que siempre se me había estado escapando: la velocidad de cante es inversamente proporcional a la rapidez con que lo estudies. Esto es, a mayor rapidez y más fluido cantes, más horas habrás tenido que invertir en el tema. O al menos eso me pasa a mi.

Estudiar un artículo tratando de concatenar tan rápido las palabras como lo haces en un cante final es imposible, bueno, es posible pero con un resultado pobre en el corto y largo plazo. Estudiar en primera vuelta un tema mirando el tiempo y con el nervio en el estómago porque "no llegas", supone que el esfuerzo lo estás repartiendo a partes iguales entre lo que es estudio puro y simple y en meterte presión (es decir, en perder el tiempo). Claro, absolutizar esto sería un error también. Debería ser entendido en no mirar el tiempo, siempre que no te quedes mirando las musarañas contando las gotitas de gotelé del cuarto. Un minuto bien invertido en un folio, es 5 segundos más de fluidez al cantarlo y 5 minutos menos de estudio en la siguiente vuelta (cálculos no sujetos a comprobación ante Notario, vamos que me los he inventado para que se entienda lo que quiero decir :p).

Así que sigo estudiando serena, con algún vuelco al corazón y un pie en el abismo, cada vez que pienso lo que llevo y lo que me queda (porque me queda....ufff). Pero en seguida pienso en la punta de la nariz, cierro los ojos, respiro y sigo. Y así pasan los días y los cantes, y aquí seguimos. 

Lo cierto es que acabo las semanas agotada, puede porque lo esté dando todo. No porque estudie aquellas famosas 15 horas que tanto dolor de cabeza me dieron, pero mis buenas horas si, pero sobre todo muy muy intensas. Sigo contenta, y es lo importante. Cada vez que el prepa me pregunta qué tal la semana, siempre acabo diciendo la frase de "animada, que es lo importante". Aquellos meses de hielo, que dejamos atrás (toquemos madera para no gafarnos ahora), me sirvieron para darme cuenta de que con ánimo todo es más fácil, o al menos, más llevadero. Al fin y al cabo, opositas tu contigo mismo.

La contra de estos tiempos -por decir alguno- es que como acabo tan cansada, tengo pocas ganas de socializar, de que me saquen de mi rutina de descanso (sí, soy tan opositora que tengo hasta rutina de descanso jajaja). Pero bueno, no hay que dejarse vencer por estas tendencias naturales, y me fuerzo a salir y ver a gente que sé que me hace bien (y alguna que no tanto también, para darme cuenta de la suerte que tengo). 

Así que aquí está mi fe de serenidad. Todo marcha. Todo funciona según lo que no llegamos a planear. Todo va sobre ruedas.

"Serenidad no es no tener tormentas, sino encontrar la paz dentro ellas".

PD: Lo conseguiremos!!

viernes, 3 de marzo de 2017

Bolonia y oposiciones.

En una búsqueda rápida sobre qué efectos puede tener (si los tiene) la total implantación del Plan Bolonia en las Universidades españolas, no he encontrado ningún documento en el que se reflexione sobre el asunto y sus posibles efectos en el nivel de conocimientos de los candidatos a oposiciones jurídicas.

Me consta que en algunas oposiciones ya se han planteado verdaderos problemas por el bajo nivel de los opositores frente al que tenían los de décadas pasadas cuando empezaban. ¿Nos preparan bien las universidades para afrontar oposiciones a Cuerpos Superiores con el nivel que se exige (y que desde luego ni se va a bajar ni es bueno que se baje)?

Mi experiencia, como curso conejillo de indias que fui, del famoso Plan Bolonia, es que no se me formó lo suficientemente bien como para tener un conocimiento aceptable del Derecho. Sé que la universidad no aspira a convertir al alumno a un todopoderoso jurista -el reconocido prestigio ya sabemos que solo se consiguen con 15 años de ejercicio o más- pero a mi no me dieron esos mínimos que deben quedar a fuego en el cerebro de un licenciado en derecho (ahora graduado). 

El ejemplo que siempre pongo, porque verdaderamente es vergonzoso, es salir de la universidad sin saber cuáles son los elementos esenciales de un contrato (a partir de los cuáles puedes jugar y montar alegaciones prácticamente infinitas). Y reconozco que yo salí sin saberlos. Es cierto que en clase se dieron -adelanto que no fui mala estudiante- pero puede que el modelo de 1 hora de clase 4 o 6 horas de trabajo en casa no es adecuado, si esas 4 o 6 horas las tienes que dedicar a ampliar materia ¡cuando ni siquiera sabes la importancia del elemento ESENCIAL!.

Es más, aprobar asignaturas sin mirar un solo código porque lo que vale es un manual con la opinión de un señor (más o menos importante) no debería permitirse, simple y llanamente. Sé que el "manual del profesor" fue, es y será el salvavidas de todo estudiante, pero es que si no lees una ley, si no te paseas por ellas "por error" (aunque sea mientras pasas las páginas hasta el artículo que buscas), seguirá siendo algo ajeno a ti, y un abogado tiene como herramienta de trabajo los textos legislativos como una addenda corporal.

Y está muy bien ¡genial! que te enseñen a buscar jurisprudencia, a que te saques los temas de las mangas y hagas presentaciones de 10. Son herramientas para funcionar en un mundo globalizado en el que la creatividad, la adaptación al cambio y el marketing personal son fundamentales. Pero quizá se les pasó el pequeño detalle de la necesidad de conocer los textos jurídicos bien, con sus esenciales y algun extra a poder ser.

¿Y donde encaja el modelo de oposiciones español en ese plan de formación en habilidades? No todos los países europeos tienen oposiciones, por lo tanto, este Plan no les supone problema. Pero claro, nos encontramos con nuestras particularidades en el acceso a la función pública, y la dificultad de que en la universidad te enseñan habilidades menos la de memorizar. ¿Cómo encaja eso el alumno cuando se mete a una oposición en que no cuenta otra habilidad que la memorística? Pues mal, ya os lo adelanto.

He hablado de mi, que fui pre-Bolonia. Os cuento ahora de los "Bolonios" de los que me han contado. Por un lado, del sector privado, me dijeron que los que hacían prácticas llegaban teniendo menos idea que los que llegamos de mi quinta, con menos contenido en las asignaturas  (¡mete una carrera de 5 en 3-4 años! (que además las estadísticas tienen que salir que este plan es la leche lo que el país necesitaba)) y por tanto menos capacidad de resolución (claro, de donde no hay no se puede sacar).

Por otro lado, del ámbito de las oposiciones. En general, llega gente sin ganas (¿achacable también a la sociedad del "no esfuerzo"?), sin compromiso y pensando que esto se aprueba en 2 tardes. Pero sobre todo, gente con conocimientos escasos, en un camino en que necesitas tener una buena base para tirar hacia delante. Así, si unes poco esfuerzo con mala base, nos queda un apaga y vámonos.

Obviamente, el compromiso y el esfuerzo irá con la persona, pero lo que no cabe duda es que quieren europeizar un ámbito (el estudio jurídico) que para mi no se puede convertir en un mero cúmulo de habilidades. O bueno, que lo europeicen pero entonces, cambien a un sistema de oposiciones en el que se valoren las habilidades, que al fin y al cabo es lo que no enseñan desde Primaria (para mi otro GRAN error, pero ese es otro epígrafe del programa :p).

PD: siento la chapa pero es que esto tenía que sacarlo por algún lado o explotaba :)

viernes, 17 de febrero de 2017

Del bizqueo, recurrencias y post-cantes.

Me asombraba hace unos días con la capacidad de olvidar que tiene el ser humano, concretamente yo y en particular con la oposición. No me refiero a los temas, esos...bueno...a medida que pasa el tiempo se olvidan menos. Sino al punto de partida. 

¡Qué fácil olvidar, ya no el primer día, sino el punto de partida de este nuevo "round" que me he concedido! El punto de partida de la última convocatoria en que me vi cogiendo un civil y no recordando ni qué era aquello de "elemento esencial de un contrato" y ahora saberlo como la dirección de mi casa (pase el tiempo que pase desde la última vez que lo vi). 

Y esas "burbujas de olvido" tienen la parte buena de poder avanzar sin quedar encallada en ninguna piedra del camino, pero la parte mala de que nunca acabo de ser justa conmigo misma. Veo el fallo antes que el logro, miro hacia donde voy y no el desde donde vengo. Que bueno, ahora que lo escribo, tampoco es tan malo, al fin y al cabo me impide caer en la autocomplacencia, pero tener la virtud de ser "bizca" y poder mirar a los dos lados al mismo tiempo, sería genial. 

El otro día me enfrenté a servidumbres legales de hacía una semana, y lo defendí con bastante literalidad, con una estructura clara en la cabeza, y aunque se quedó largo de tiempo y con imprecisiones mejorables, salí un poco asqueada. Salí así porque debería salir perfecto, no estoy para "perder" el tiempo más, tiene que salir si o si. Fue entonces cuando caí en que quizá eso no lo llegue a lograr nunca, que partí de una nefasta literalidad y con unas estructuras tambaleantes cada vez que me enfrentaba a un tema de atraso, y sin embargo ahora la estructura era clara y la literalidad bastante buena. Que está claro que no hay que dormirse en los laureles, pero oye, que tampoco el camino está tan torcido.

Por otro lado, en las últimas semanas, me han vuelto a atacar pensamientos de "no te la vas a sacar nunca", de esos que se apoderan de tu respiración. Los he superado, haciendo respiraciones y pensando que si pensaba eso y dejaba que ocupara toda mi cabeza, seguro que eso sería (profecía autocumplida, ya sabéis). Los últimos días esto ha ido a mejor, gracias a Dios.

Realmente es que tengo pavor a estar equivocándome, y aunque sé que dicen que equivocarse es bueno y bla bla blaaaaa, pues no deja de no gustarme. ¿Y si esta concesión temporal por mi parte es más cabezonería que realidad?¿y si es porque no me quiero enfrentar a la realidad de que he encontrado mi límite? 

Cuando se lo he dejado caer al preparador, me dice que son "imaginaciones" mías, que voy bien, que le he empezado a pillar el tranquillo al método, la forma y el fondo, que voy lenta, pero voy bien. Pero....hay tantos peros en mi cabeza....que casi opto por no pensar, y seguir.

Mirad, si hay algo que sé es que me apasiona lo que estudio, aunque me cueste, aunque me enfade y pataleo, me encanta. No sé si lo conseguiré (dicen que la ignorancia es muy atrevida, y por lógica inversa, yo cada vez soy menos atrevida, así que puede que esté empezando a dejar de ser ignortante XD) pero que lo estoy intentando muy fuerte, eso si que lo sé. 

Una última cuestión es que después de los cantes, estoy cogiendo una horita para volverme a cantar los temas, para "machacarlos" más. Siempre me he preguntado qué hace la gente después del cante, así que si me escribís en comentarios vuestros planes post-cante os lo agradeceré para coger ideas. 

De esto están yendo mis días, varieté ya veis. Un beso y ¡a tutti!

jueves, 2 de febrero de 2017

Oniria opositoril (II).

"Estaba en un aula oscura, con pupitres de a dos, en los que no todos los alumnos estaban en sus asientos. En la mesa redonda que presidía el aula, se encontraba un hombre ya canoso, con cierto sobrepeso y ligeros problemas de higiene corporal, el cual resultó ser aquél profesor de Trigonometría, de cuya cara ya había conseguido olvidarme (casi) por completo.

Comenzó a llamar por orden de pupitre para cantar los temas. Yo me encontraba en las últimas filas, así que aún me iba a dar tiempo a repasar aquel civil que llevaba más flojo, y la clave de cuyo comienzo me lo daba el nombre de una flor (el cual ya había olvidado...).

No sé por qué, ni quién, me hizo levantarme de la silla, solo recuerdo cierta algarabía y un ambiente cuasifestivo, del cuál yo desde luego no era partícipe. En mi subconsciente seguía pesando mi mala suerte, y el civil que llevaba mal. Al levantarme, me di cuenta de que iba en pijama, el de cuadros, pero me preocupaba tanto el maldito civil, que apenas le di importancia. 

Me dirijí al final de la clase, en la cual había unos pasillos de supermercado, en los cuales me distraje unos minutos. Al dejar de oír el ruido de mis compañeros, me asomé nuevamente a la clase, y flotando en el ambiente estaba mi nombre. Corriendo cogí mi crono, el programa y aceleré hasta llegar a la mesa del profesor. Mal empezaba llegando tarde y encima con esas pintas, en pijama y resoplando por el sobreesfuerzo. 

El profesor me miró, y recogiendo los papeles que tenía esparcidos por toda la mesa me dijo:"No si yo no tengo ningunas ganas de que cantes". A pesar de la vergüenza y de la angustia que sentía por haber llegado tarde, sobresaltadamente, en un tono ciertamente más áspero del que corresponde a un alumna le respondí: "¡No, no! si yo tampoco quiero pero tengo que cantar, ¿me entiende? TENGO que cantar".

Ese "tengo" se clavó en mi garganta hasta que el profesor volvió a su asiento, pidiendome que cogiera el crono con una mano y que la otra la levantara como en los juramento. Así lo hice, y entonces me indicó que girara mi cuerpo hacia la pared en que reflejaba la luz del flexo, que había estado encendido todo este tiempo en el lado izquierdo de la habitación.Me giré mirando el crono que llevaba en la mano, era el negro, cuando de normal siempre canto con el naranja, eso me sorprendió.

Cuando levanté la vista, me paré a mirar la sombra de mi mano extendida, parecía más regordeta de lo normal, conté los dedos, y la reconocí. Sin embargo, cuando hice lo propio para fijarme en la sombra del crono en la mano, algo pasó. La sombra negra comenzó a girar y se transformó en un lobo de ojos ensangrentados, pelo tan negro como el azabache y una fiereza salvaje. Me ladraba, sacaba sus horribles colmillos amenazandome y advirtiendome de su inminente ataque. Mientras tanto acertaba a oir al profesor que me gritaba una y otra vez "¿qué ves?¿qué ves?". Mientras yo, cerrando los ojos tan fuerte como podía, sollozaba: "no quiero, no quiero". 

Y entonces, desperté".

PD: Otro capítulo de Oniria Opositoril, aquí.

 

viernes, 20 de enero de 2017

Luchadores por el mundo: Isabel Coixet

Viendo hoy "Palabras, mapas, secretos y otras cosas" un docu sobre Isabel Coixet, me ha hecho reafirmarme una vez más en que la vida es una continua lucha. Algunos luchan por los sueños de otros, otros luchan/luchamos por los nuestros propios.

Isabel hace pelis muy peculiares, para las que -creo- tienes que tener una sensibilidad especial para llegar a entender el meollo de la cuestión. Ni las he visto todas, ni soy una groupie de preestreno, pero con 17 años vi "La vida secreta de las palabras" en el cine, y me cautivó y sobrecogió tanto que oir nombrar un proyecto suyo siempre me hace, cuanto menos, prestar atención (diré que fui incapaz de ver "Mapa de los sonidos de Tokio").

Han sido dos las ideas fundamentales que me ha transmitido el documental:

Por un lado, que si tienes una idea en la que crees, vas a por ella y buscas los medios para hacerla realidad. Ella no tiene una productora fija, ni un equipo concreto, ni actores estrella, ella tiene claro que quiere hacer historias, contarlas y transmitirlas. Nosotros un trabajo que queremos desarrollar, y un proceso de selección que superar, sin seguridad de que vayamos a conseguirlo.

Por otro lado, que quién eres y cómo quieres hacer las cosas deja tu impronta en el trabajo que desempeñas y en las personas con las que trabajas. Así, deja entrever el documental, su relación con los actores y otras personas que trabajan en el set, lo que al final, por lo que decían, también es parte de sus películas, del halo que las envuelve. Nosotros idem. La plaza por la que trabajamos se consigue con un oral o un escrito, en el que tendrás que plasmar muchas ideas, como todos, pero siempre podrás demostrar parte de qué cualidades te caracterizan y de quién eres. Quizá bastará con transmitir paz aunque los nervios te abrasen por dentro, o poner o decir el nombre de un ministro del ramo para demostrar que estás al día, o incidir en una sentencia de la sección del tribunal al que pertenece uno de los miembros que te van a calificar. 

Pero todo desde la calma -eso no es del docu, es cosecha propia de todo lo que he ido rumiando estas semanas- la calma es el quit, pero esto lo dejo para la próxima.

Lo conseguiremos!!!!

PD: creo que puede ser una buena sección "Luchadores por el mundo" no?