jueves, 14 de septiembre de 2017

De safari

Este verano disfruté de unas vacaciones pagadas en un safari en The-matrix. Nunca un viaje igual, nunca una compañía tan organizada. Todo hacía presagiar que el viaje sería inolvidable, no harían falta fotografías, ni videos para que se convirtiera en lo que fue: una proeza. 

Empezó como todo los viajes. De madrugón, deseando que valiera la pena. Al ser un viaje peculiar, nos dijeron que omitieramos cualquier tipo de pasaporte expedido por nuestro país de origen, ya que en aquellas fronteras no nos servirían de nada. También nos avisaron de que la maleta preferiblemente fuera una mochila, pequeña, con lo imprescindible, ya que aquél es un lugar donde las comodidades escasean, y los lugareños no son los más hospitalarios del mundo, precisamente.

Os omitiré los detalles de la travesía porque estuvo llena de turbulencias, agitaciones e incluso alguna indigestión -la especialidad de la casa no era precisamente la "cuisine". Pero el llegar allí fue ¡alucinante!. Nada que ver con los paisajes que hubiera visto hasta entonces. 

Nos recibieron los operadores, con un lenguaje tan políticamente correcto que haría temblar a todos los sillones de la RAE vivos y muertos. Su terminología nos hizo darnos cuenta de que estábamos en otro mundo, y que más nos valía aprender rápido porque intención de entender otra cosa no tenían ninguna. 

Ya acomodados en nuestros alojamientos -austeros y cuadriculados, casi todos iguales pero con pequeñas variaciones, la mesilla en éste a la derecha, en aquél a la izquierda, la ventana aquí 20 centímetros arriba y en esta 10 abajo. Esa noche, nos recomendaron descansar profundamente, porque el día siguiente sería el gran día: el del Safari por The-matrix.

El Safari incluía tanto visita a la fauna como a la flora del lugar. Todo el proceso de evolución del sistema lo encontraríamos allí. No nos hicieron falta cámaras ni móviles para retenerlo, porque vagaban a sus anchas, y cuando menos lo esperabas, acababan en tu retina, tan fuertemente agarrados, que era imposible volverlos a perder de vista.

Ese día, almuerzo en mano, nos adentramos entre altos y solemnes árboles, llenos de gruesas lianas que ligaban unos árboles con otros, y otras más finas y delicadas, imperceptibles para la mayoría, salvo para los más experimentados tematrixólogos. El lugar estaba encantado, lleno de monitorios, animales salvajes que vivían entre lianas. Éstos, mientras saltaban gritaban algo que no se entedía a priori, pero nos explicaron que su grito son cantidades al azar, normalmente vinculadas al número de saltos que llevan, aunque todavía no han sabido descifrar del todo sus diálogos.

Por otro lado, a los lados del camino encontrábamos unos animales entre lagartija y erizos, cambiaban frecuentemente de parecer, a veces perdían la cola, a veces las puas, y decían que al tenedor de cualquiera de esos elementos, le llovían los millones a raudales.

Los habitantes de aquél lugar no podían olvidar a la rara avis, un pájaro majestuoso, brillante, exuberante, que decían estaba tocado por la mano de dios, y sin embargo, solo se conocía por el boca a boca de la gente, ya que casi nadie lo había visto nunca, aunque si escuchado.

Me quedé con las ganas de ver más paisajes, más particularidades de aquellos parajes, llenos de árboles distintos, de piruetas mágicas entre su follaje, de curiosidades en su fisonomía, tiempos y ciclos. Sin embargo, se acabó el crédito, tuvimos que marchar, para volver a empezar, este septiembre tan diferente.

Espero que vuestras vacaciones hayan sido tan "chulas" como las mías. Mucho ánimo a todos.

PD: ¿dónde estuve este verano? :-P

viernes, 8 de septiembre de 2017

Lectura (II): todo pasa por algo

"Todo pasa por algo". Es una frase que en los últimos años ha ido cogiendo fuerza en mi vida. Tengo un amigo pragmático, científico y ateo a rabiar, que se rie de mi cuando la digo. Pero, sinceramente, creo que es porque él no ha sido capaz de unir esos puntos (de adelante hacia atrás, pero unirlos). 

La cuestión es que a finales de julio, escuché hablar acerca de un libro que me llamó la atención. No para mi, sino para mi hermana, que anda en el trasiego ese de "sé lo que quiero hacer con mi vida pero no sé si me atrevo". Total que pensé que podría ser un buen regalo para que leyera en vacaciones, así que me fui a mi librería de confianza. Al preguntarle al librero por el título, lo introdujo en la base de datos, y le salía que les quedaba uno en el almacén ("¡Estupendo! Si es que son de confianza, por algo será"- pensé yo), allí que se fue y yo esperé, esperé y desesperé. Al fin salió el hombre y me dijo que no lo encontraba. 

Yo estaba especialmente ansiosa por regalarselo, así que no lo encargué y empecé el camino a mi segunda librería favorita, y a la siguiente, y a la siguiente. ¡No me lo podía creer! En todas les quedaban uno o dos ejemplares pero ¡no los encontraban! No estaban donde tenían que estar. Aluciné junto a los dependientes (les contaba que no era la primera tienda en la que me pasaba) y me fui un poco decepcionada, porque creía que el libro encajaría muy bien a lo que mi hermana estaba buscando.

Han pasado las vacaciones y yo, cabezota que soy, me fui el lunes a tentar a la suerte otra vez y ¿a qué no adivináis lo que me pasó? ¡Quedaban 2!¡Y no los encontraban! Yujuuu. Esto ya parecía una broma del destino -como al final, ha acabado siendo. Pero esta vez, pedí que me lo buscaran y me lo guardaran. Dos horas después recibía el mensaje de que ya podía pasar a por él. 

No fue hasta el jueves cuando fui a recoger "el libro que estaba predestinada a no regalar". La chica entre risas me lo vendió, y así parecería que la historia acaba ahí, sin más. Pero nada más lejos de la realidad. Unas horas antes, el que para mi es/era LA persona de mi vida, decidió que yo ya no lo era, sin posibilidad de replica ni revisión. Os podéis imaginar que mis adentros no eran un mar en calma precisamente, pero bueno, a pesar de eso, fui a cantar (con éxito por cierto, soy una mujer de recursos, las cosas como son) y comprar el libro para regalar, pues me alegro un poco ese día.

En el autobús de vuelta a casa, le eché un ojo, mirando páginas al azar, sin más pretensión que mi mente volara un poco lejos de donde realmente no debía ya estar. Advierto que nunca lo hago, no me gusta ojear libros, estropean las historias pero en este caso...¡tachán! me leí una página que era para mi, para ese momento. Me pasé 2 días leyendo sin parar el libro, hasta acabarmelo (por suerte mi hermana estaba de viaje, esta mal leer libros de regalo, pero era una situación de extrema necesidad), y me gustó. Esas 2 páginas se aplicaban a lo que me acaba de pasar, pero el resto de su contenido, era perfectamente aplicable a la oposición.

Se titula "Libera tu magia. Una vida creativa más allá del miedo" (de Elizabeth Gilbert). Es autobiográfico (nada de autoayuda, a pesar del título). Ella se quería dedicar a la escritura desde la adolescencia, pasara lo que pasara. Relata cómo le rechazaron durante muchísimos años sus escritos, pero siguió perseverando, siguió trabajando en ello, porque amaba la escritura. Mientras tanto, sin embargo fue realista, y trabajo de camarera y de otras millones de cosas porque la escritura no le iba a pagar las facturas.

Me gustó sobre todo en que insiste en la importancia del camino y no el resultado. Que tu éxito no puede ser definidio por el resultado, que tienes que ir más allá, y sino, no lo quieres lo suficiente. Que el miedo siempre existirá, y hay que dejarle un hueco en el camino, sin dejar que sea el que mande. Habla del esfuerzo, de la mediocridad, del persistir cuando ya nada es fácil...No te vende un mundo de luces de colores, pero te anima a que persistas a pesar y sobre todo, por ese motivo: porque es interesante (porque es difícil, frustrante y al mismo tiempo gratificante).

Os dejo algún extracto, porque reconozco, que este libro puede que me haya gustado más por la situación personal, que por la oposición, a pesar de que le encuentro mucha sintonía a la vida creativa y a la vida del opositor. 

"A lo largo de años de abnegado trabajo, sin embargo, descubrí que si insistía en el proceso y no me dejaba llevar por el pánico, era capaz de superar cada etapa de ansiedad y pasar al nivel siguiente. Me daba ánimos recordándome que esos temores eran reacciones completamente humanas a la interacción con lo desconocido".

"Mejor que te replantees tu definición de éxito y punto. (...) La aleatoriedad genética ya hanía determinado cuánto talento me había sido asignado y la aleatoriedad del destino decidiría mi porción de buena suerte. Lo único que podía controlar yo era mi disciplina. Cuando me di cuenta de eso, me pareció que lo mejor sería matarme a trabajar. Era la única carta con la que podía jugar, así que la jugué a conciencia. Ojo, que quede claro, que trabajar duro no garantiza nada (...). Haz lo que te gusta y hazlo con seriedad y naturalidad al mismo tiempo. Al menos así sabrás que lo has intentado y que, sea cual sea el resultado, habrás seguido el camino más noble".

"Tal y como advierte mi amigo el pastor Rob Bell: "No pases corriendo por las experiencias y circunstancias que mayor capacidad tiene de transformarte". No pierdas el valor en el momento en que las cosas dejen de ser fáciles o gratificantes. Porque en ese momento. Ese es el momento en que la cosa se pone interesante..."

Así que sí, creo que el "todo pasa por algo" es cierto. Ese libro tuvo que llegar ese día a mis manos, porque era yo quien necesitaba leerlo (después de leerlo, creo que a la homenajeada también le va a gustar), y abrirlo por esa página, fue la casualidad con la que empezó todo, haciendo de las suyas, una vez más.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Dispararé a matar

     Dispararé a matar porque es la única forma de decir esto: la vuelta de las vacaciones está siendo extremadamente difícil. Hacía 3 veranos que no tenía los 15 días "reglados" de vacaciones estrictas. Salí del curso con una sensación agridulce y el miedo a la vuelta de las vacaciones metida en el cuerpo. 

      Releo mis entradas anteriores, y ahora me parece que fue hace un mundo cuando sentí por última vez que confiaba en mi. Parece que lo de Jekill y Hyde se escribió para mi (con la "pequeña" salvedad de que yo solo me dedico a sangrar textos).

      La cuestión es que más o menos he vuelto a coger el ritmo anterior a las vacaciones, pero hay algo allá adentro que está en un impasse, no avanza, y es precisamente el creerme que si que puedo aprobar. Ahora mismo no me lo creo en absoluto (y no sabéis lo que me cuesta escribir esto). Sin embargo -y aquí viene la incoherencia que "blows my mind"-sigo teniendo ilusión en llegar al objetivo, sigue gustándome y llamándome infinitamente la atención.

     Así que me he puesto manos a la obra, porque si hay 2 cosas que no me gustan en esta vida son las medias tintas y quedarme de brazos cruzados, más aún cuando solo depende de mi. Lo que hasta ahora me ha servido, ya no es tan efectivo como antes, pero son parches que puedo seguir utilizando (videos motivaciones, frases positivas...). El deporte sigue siendo un buen aliado, sin embargo, no me ayuda a vencer ese sentimiento el suficiente tiempo. Además de que en el momento D y la hora H no podré estar haciendo deporte para mantener la actitud necesaria.

     Tengo claro que con esta actitud, la profecía autocumplida cada vez está más cerca, y que no voy a pasarme 1 año entero dándome de golpes para cumplir algo predicho hace 12 meses. Por eso, sigo buscando. No me rindo. Porque eso es de cobardes, y seré muchas cosas, pero cobarde...¡ni un gramo!

Mucho ánimo para todos!

jueves, 27 de julio de 2017

Ni pobre ni pobra

Puedo decir que en este lustro he vivido muchas profecías autocumplidas, visto más historias surrealistas de las que me pudiera imaginar y oído menos clichés de los que se dice que se escuchan siendo opositor. De todas ellas, destacaré la de anteayer, que resume algunos de los comportamientos que más me enervan (en su tercera acepción).

Hete aquí, que me propuse concentrar, en los días de descanso semanales, aquellas actividades que más verano me hacen (y que pueden ocupar menos de 24 horas, claro). Traté de reunir a la gente para esta semana, pero claro...unos están zarpando, otros viajando, otros trabajando...y así no hay quién coincida. Pero bueno. Bien. He aprendido a amoldarme a esta soledad cuasi autoimpuesta (ya sabéis que en algún momento, por estos"¡Oh mundo cruel!", ganaré un Oscar. Al tiempo). 

Fue en una de esas conversaciones en que para suplir su ausencia a estas no-quedadas, la persona me preguntó cómo estaba, qué tal todo y blablablaaa, yo contesté con un escueto "bien, al pie del cañón" (porque contestar un "bien" a secas suena muy cortante, pero contar cómo estás de verdad no procede en ese momento), me respondió con una palabra, una sola, que me enciende y no precisamente en el buen sentido. Ahí os va:
                                                  P        o        b        r         e
¡Ja!¡POBRE!¿Cómo os quedáis? Porque a mi solo de rememorarlo, me hierve la sangre. ¿Pobre?¿Pobre? Pobre será el que trabaja en algo que no le gusta, que tiene que hacerlo por absoluta necesidad, que sufra terribles dolores y aún así no pueda parar. Pobre será el que no pueda elegir, el que no tenga todos los días los esenciales cubiertos, el que nunca pueda salir de esa situación porque la sociedad o sus circunstancias no se lo permitan.

Pero ¿yo?¿pobre yo? Yo que he elegido meterme aquí solita, que me levanto y sigue gustándome lo que estudio (aunque me queje y aunque algunos días no quiera). Yo que puedo tener 1 día a la semana de descanso, que me amoldo los horarios a mis necesidades, que no dependo en mi trabajo de nadie. Yo, que podría dejarlo cuando quisiera (omitamos la parte de drogodependencia que tiene la oposición -que da para otro post-), que estoy trabajando para mi y que el beneficio es íntegro mío. Yo, no soy pobre, ni me siento en ninguna necesidad ni situación para que me tengan lástima, porque aunque existan muchas ocasiones en que no me sienta, en el fondo, soy una privilegiada.

Así que le contesté con un "No, esto es un trabajo más (emoji guiño)" y se despidió. Espero que leyera entre líneas todo lo que conllevaba esa frase, o bueno, casí mejor no.

¡Ánimo a todos! Progresar es estar más cerca.

viernes, 23 de junio de 2017

Lecturas (I).

Llegué a este libro tras un cante que se torció mucho, mucho, muchísimo. No por el cante en sí, sino por la disparidad de criterios con el prepa, que me "impedía" seguir el plan que llevaba yo en mente. Y yo cuando me pongo, voy a piñón fijo. Vamos, una cabezota de pro. 

Llamadme rara, pero en esas ocasiones a mi me da por refugiarme en una libreria (en esa ocasión, lo admito, me refugié además en una tarta de chocolate, dulce de leche y nata que mmmm). Estando allí, me vino a la cabeza una entrevista que mi madre había escuchado en la radio sobre este libro: "El viaje de Luis. La historia real de un milagro explicado por la ciencia". 

Es la historia real de un chico de 11 años que, por accidente se clavó una navajita en el pecho, con tan mala suerte que llegó a tocar el corazón. El niño pasó más de 20 minutos sin oxígeno, y ya podéis imaginar el panorama cuando despertó.

Así, a primera vista, es un libro muy alejado de la oposición o de mi estado en aquél momento. Sin embargo, la historia es fascinante, porque el padre, que no era médico, que tenía todas (o casi todas) las opiniones en contra sobre que su hijo volviera a ser el que era, que tenía un vínculo emocional que podría haberle privado de toda objetividad en la toma de decisiones, ideó un sistema de recuperación, consiguiendo (como se puede imaginar uno por el título del libro) que su hijo volviera a ser el mismo, con toda la movilidad y sin secuelas.

Pensé en ese libro, porque probablemente cuando tu estás hundida en la mierda, no hay nada como leer/oir una historia más desesperada, como para pensar que tu no estás tan mal (la psicología inversa es muy fuerte XD). Pero es que es un libro que me ha ayudado increiblemente para entender muchas cosas relacionadas con el cerebro (instrumento con el que ejercemos nuestro trabajo). 

La importancia del sistema de rehabilitación de 3 ejes que este padre implementó (autor del libro, por cierto), se basaba tanto en el trabajo neuronal, como el físico y el químico. Entender que el cerebro no es algo ajeno al resto del cuerpo es esencial.

El neuronal en nosotros no es nada nuevo, lógico que a base de machacar temario, llegas a interiorizar los temas (y no solo saberlos). 

El físico ha sido un gran descubrimiento. Una de las cosas que más me impactó fue que el ejercicio vigoroso (cada cual a su nivel) ayuda a la memoria. Pero es que además, hacer cosas distintas, también colabora a que el cerebro vaya aún mejor. Eso, en parte, me hizo apuntarme a natación, algo que me obligara a cambiar de rutina, que no fuera solo correr y que me forzara a quedarme más tiempo haciendo deporte algo más exigente de lo que yo por mi misma haría.

El químico. En el libro cuenta una serie de fármacos y sustancias que el padre ya tomaba antes del accidente de su hijo (bajo supervisión médica). Si bien yo no he tomado más que el famoso Multicentrum, si que en los últimos meses he añadido jalea real fresca a mi día a día, y será por la jalea o no, pero me siento infinitamente mejor, me canso menos y aguanto como más despejada el día.

Además de todos estos conocimientos, que transmite de forma muy sencilla, queda la historia personal. Historia de superación de un padre y un hijo, que tenían un camino muy difícil, siguiendo unas pautas médicas, con unos métodos poco ortodoxos, y aún así, peleando durante 1 año, con mucho sacrificio, muchas horas (14 al día si no recuerdo mal), consiguieron que Luis volviera a ser el que era antes del accidente.

No os desmenuzo mucho más el libro, tiene de todo tanto risa como lloro, así como instructivo, es muy sencillo de leer, y para mi, muy útil.

Mucho ánimo!

viernes, 9 de junio de 2017

¡Si, quiero! :D

¡Sí, quiero! Si quiero aprobar. Algo tan obvio y a la vez tan poco fácil de encontrar en uno mismo en algunos momentos del camino. Ese SI, (practicamente) incondicional, lo he encontrado esta tarde mientras parecía un pato mareado, tragando agua y escupiendo cloro, mientras trataba de parecer una sirena piscinera. Porque sí, señores, me he pasado a la natación. Que muchas veces me encuentro nadando sacando toda la rabia y el estrés, queriendo ser como los cuerpos esculturales de las calles 3 y 4 (¡vaya cuerpos señoras!), y cuando me doy cuenta que me parezco más a la señora Paquita que a sus 80 años se mueve divina pero a paso de tortuga...pues digo ¡chica frena que a las Olimpiadas no llegas a tu edad!.

Pero bueno, que será los litros de cloro que me llegan al cerebro, pero las charlas motivacionales que me pego debajo del agua son para coger apuntador y dictarlas (o eso me lo parecen en pleno colocón). Y hoy ha caído la del ¡Sí, quiero!. Cuando me he dado cuenta he empezado a gritarme por dentro ¡Sí, quiero!¡Sí, quiero!¡Sí, quiero!¡Sí, quiero!, y a preguntarme que entonces que andaba mal dentro de mi.

"Que si quieres algo, vas a por ello. Que las medias tintas, nunca han ido conmigo, ni irán (que si te quieres quedar, te quedas y si no, te vas). Que me metí aquí porque creo que me encantará el trabajo, porque creo que puedo llegar a ser muy buena profesional. Que confío en mi. ¡¡¡CONFÍO EN MI!!! (permitánme el inciso, pero esto debe leerse con letras de oro y brillantes, porque cuando me he oído esto en mis adentros, sin dudas, sinceramente saliendo del corazón...ha sido sentir una felicidad muy muy grande, lo explico luego mejor). Confío en mi, y en lo único que he perdido la confianza es de estar haciendo suficiente. (Todo esto, brazada tras brazada...que ni técnica ni nada vamos, yo enfrascada en todo este lío). Y yo, pero ¡chica!, ¿qué no estás haciendo suficiente? ¿qué no ves mejoría con todo lo anterior? Pues si, si que noto mejoría, muchas. Entonces esa desconfianza no es más que un irracional. Si partieras del minuto 0 de la oposición ¿confiarías? Si, claro porque pensaba que lo mío era lo "más mejor". ¿Y por qué de un único resultado negativo, sacas tamaña conclusión?¿No sería mejor ponderar la totalidad del valor esperado de toda la oposición?. Hay que confiar en el sistema, porque las mejorías pequeñas se reflejarán en una mejoría global. Tardará, pero así será. Y ahí "to' contenta y to' motivada", me he puesto a nadar sin pensar mucho más allá, sintiéndome la Mireia Belmonte de mi barrio".

Es remarcable este pensamiento de que confío en mi pero desconfio(aba) en que el sistema vaya a funcionar, porque pensaba hasta hoy mismo que la pérdida de confianza era en mi, y eso es lo peor que me podía pasar. Mi valorar añadido (y esto es algo muy mío) siempre ha sido que he confiado en mi, en mis decisiones y he ido a pecho descubierto a por ello. S-i-e-m-p-r-e. El haber perdido la confianza en mi, sería perderme a mi misma, como algo primario, algo consustancial a mi. Para mi, una herida de muerte (¡qué trágica me sé poner cuando quiero, oye!). Sin embargo, ponerle objeto a esa desconfianza, ajena a mi, aunque en mis manos, ha sido liberador. Porque sé que es miedo al fracaso, y no tiene por qué repetirse una situación si no estoy haciendo las cosas tal y como las hacía (aquello de "para tener un resultado distinto, haz algo que no hayas hecho"). 

En fin, después de confirmaros que no me caso (sé que el morbo os ha podido a la mayoría pillines, pero hay muchos "sí quiero" que dar en la vida, sorry :P), deciros que mi ausencia estos meses (como pueblo abnegado en éste, oh mi blog, que sois os debo una explicación, y esa explicación, os la voy a dar) se ha debido inicialmente a una ausencia de creatividad, posteriormente a una pérdida de control sobre esta cuenta (vamos que olvidé contraseñas etc) y en último lugar porque he andando haciendo lecturas interesantes para rellenar este cerebro con algo de sabiduría aplicable a la opo. Próximamente, hablaré de algunos libros que me han inspirado.

Advertir, que la dinámica del blog va a cambiar un poco, escribiré cuando realmente sea algo que os vaya a aportar, o cuando yo necesite explayarme. Me gustaría que la creatividad me rebosara, pero también querría decir que no estoy a lo que estoy, y estoy comprometida ya sabéis :P. Así que, he puesto la cajita para que os mande las actualizaciones al e-mail, para ahorraros tiempo de entrar aquí.

Mucho ánimo a todos, de verdad. Podéis. Que otros lo hayan conseguido antes quiere decir algo. Que otros no lo hayan conseguido, no quiere decir que vosotros seáis iguales.


viernes, 24 de marzo de 2017

Fe de serenidad.

Esperando estas semanas a que me llegara la inspiración y estando, como está, missing, no querría dejar de plasmar esta circunstancia en esta bitácora "internáutica". Puede que lo extraordinario trate de darse cuenta de la cotidineidad, no como rutina, sino como serenidad.

Estoy muy a gusto estudiando, con la serenidad que requiere retener conocimientos entendiendo su complejidad y relación con los anteriormente adquiridos. Y es que hay algo que siempre se me había estado escapando: la velocidad de cante es inversamente proporcional a la rapidez con que lo estudies. Esto es, a mayor rapidez y más fluido cantes, más horas habrás tenido que invertir en el tema. O al menos eso me pasa a mi.

Estudiar un artículo tratando de concatenar tan rápido las palabras como lo haces en un cante final es imposible, bueno, es posible pero con un resultado pobre en el corto y largo plazo. Estudiar en primera vuelta un tema mirando el tiempo y con el nervio en el estómago porque "no llegas", supone que el esfuerzo lo estás repartiendo a partes iguales entre lo que es estudio puro y simple y en meterte presión (es decir, en perder el tiempo). Claro, absolutizar esto sería un error también. Debería ser entendido en no mirar el tiempo, siempre que no te quedes mirando las musarañas contando las gotitas de gotelé del cuarto. Un minuto bien invertido en un folio, es 5 segundos más de fluidez al cantarlo y 5 minutos menos de estudio en la siguiente vuelta (cálculos no sujetos a comprobación ante Notario, vamos que me los he inventado para que se entienda lo que quiero decir :p).

Así que sigo estudiando serena, con algún vuelco al corazón y un pie en el abismo, cada vez que pienso lo que llevo y lo que me queda (porque me queda....ufff). Pero en seguida pienso en la punta de la nariz, cierro los ojos, respiro y sigo. Y así pasan los días y los cantes, y aquí seguimos. 

Lo cierto es que acabo las semanas agotada, puede porque lo esté dando todo. No porque estudie aquellas famosas 15 horas que tanto dolor de cabeza me dieron, pero mis buenas horas si, pero sobre todo muy muy intensas. Sigo contenta, y es lo importante. Cada vez que el prepa me pregunta qué tal la semana, siempre acabo diciendo la frase de "animada, que es lo importante". Aquellos meses de hielo, que dejamos atrás (toquemos madera para no gafarnos ahora), me sirvieron para darme cuenta de que con ánimo todo es más fácil, o al menos, más llevadero. Al fin y al cabo, opositas tu contigo mismo.

La contra de estos tiempos -por decir alguno- es que como acabo tan cansada, tengo pocas ganas de socializar, de que me saquen de mi rutina de descanso (sí, soy tan opositora que tengo hasta rutina de descanso jajaja). Pero bueno, no hay que dejarse vencer por estas tendencias naturales, y me fuerzo a salir y ver a gente que sé que me hace bien (y alguna que no tanto también, para darme cuenta de la suerte que tengo). 

Así que aquí está mi fe de serenidad. Todo marcha. Todo funciona según lo que no llegamos a planear. Todo va sobre ruedas.

"Serenidad no es no tener tormentas, sino encontrar la paz dentro ellas".

PD: Lo conseguiremos!!